lunes, 21 de diciembre de 2015

El LEVERAGE Y LA CAJA RURAL SEÑOR DE LUREN

Arquímedes, fue un físico, inventor y matemático griego del siglo III a.C., del que se dice corrió desnudo por las calles, anunciando el hallazgo de su principio de flotabilidad, para demostrar si la corona que ordenó fabricar el tirano Hierón II, estaba hecha de oro o si por el contrario le habían agregado algún otro metal. Entre otras cosas más, también se le atribuye haber dicho sobre la palanca - herramienta que tiene como función trasmitir potencia o fuerza -, lo siguiente:

“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”

En finanzas, el apalancamiento financiero o leverage, significa precisamente eso, apalancar, potenciar, levantar o mover, los resultados financieros de una empresa a través de deuda, pero a diferencia de lo presuntamente expresado, de forma figurativa, por Arquímedes, la Caja Rural de Ahorro y Crédito Señor de Luren, al parecer no entendió que no se puede apalancar con deuda los resultados financieros con rendimientos menores a su costo y menos de forma indefinida, peor aún, si no eran diestros en usar la herramienta, es sorprendente como en tampoco tiempo la institución encaró una situación financiera insostenible. Para comprender lo sucedido a nivel financiero y agregado, partamos por conocer la rentabilidad sobre el patrimonio (ROE) de la institución durante los últimos tres años, antes de su intervención por la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) en junio de este año.


Donde:

ROE    = Rentabilidad del patrimonio
@        = Rentabilidad del activo (ROA), no incluye intereses
P/PAT = Pasivo / Patrimonio o coeficiente de endeudamiento
i           = Costo del pasivo
t           = Tasa impositiva


Esta identidad nos dice que la rentabilidad del patrimonio después de impuestos siempre es igual al rendimiento del activo, engrandecido o contraído, por la diferencia entre el rendimiento del activo menos el costo del pasivo, a través del cociente del pasivo sobre el patrimonio. Como puede apreciarse, sin considerar la tasa impositiva y bajo un escenario en el que la ROA>i, el ROE se incrementa cuando aumenta el rendimiento del activo, también cuando aumenta el coeficiente de endeudamiento o cuando se reduce el costo del pasivo. Pero, el ROE también se verá afectado negativamente, si disminuye el rendimiento del activo, disminuye el coeficiente de endeudamiento o si aumenta el costo del pasivo.

La información disponible del indicador financiero de la ROE de la Caja rural, correspondiente al cierre de los años a los que se hace referencia en el gráfico, son obtenidos del portal de la SBS, además, su descomposición en los otros indicadores son calculados a partir de los Estados Financieros publicados también por la SBS. Obsérvese que se ha preferido presentar los indicadores después de impuestos, por dos razones: la primera, para calzar visualmente el ROE de los años analizados con lo publicado por la SBS y la segunda, para evitar una mayor complejidad en su representación gráfica, por lo demás, no existe mayor distorsión y menos en la validez de sus conclusiones.

En el 2012 la rentabilidad sobre los activos (ROA) fue de 8.84% (9.37% antes de impuestos) y el costo de los pasivos fue de 8.52%, por lo que la diferencia entre el rendimiento de los activos y su costo fue de 0.32% (0.85% considerando la ROA sin impuestos), la cual está representada en el ángulo del gráfico del 2012. Es acertado razonar que mientras mayor sea el ROA y mayor su diferencia respecto a su costo, mayor será el ROE, ahora preste atención al coeficiente de endeudamiento, que para el año 2012 fue de 10.07, lo que permitió acrecentar el ROE en 3.21% (10.07*0.32), totalizando un 12.05% (8.84%+3.21%) para ese año. Suponga por un momento que el apalancamiento hubiera sido mayor, en digamos 10.82 como en el 2013, el ROE del 2012 hubiera sido de 12.29% y no de 12.05%, como veremos, cuando debió aumentar el apalancamiento, no aumentó, y cuando no debió aumentar, aumentó, como en el 2013, el mundo al revés.




Miremos ahora el 2013, la ROA fue de 6.89% (6.94% sin impuestos) menor que la del 2012 y el costo del pasivo fue de 7.52% también menor que la del 2012, con una diferencia de -0.63% (-0.58% con la ROA sin impuestos), es decir, que la rentabilidad cayó más rápido que su costo, representándola en el gráfico con una recta de pendiente negativa, disminuyendo su ROE en -6.86% (10.82*-0.63), observe que si el apalancamiento hubiera sido menor, como el 2012 de 10.07, la pérdida hubiera sido de -6.39% (10.07*-0.63) con una ROE final de 0.5% (6.89%-6.39%), y no como terminó realmente en 0.03% (6.89%-6.86%), es decir, no solo la rentabilidad del activo fue menor al costo del pasivo, sino que además la deuda aumentó. La receta ideal debió ser por lo menos: mantener la ROA del 2012, no se hizo, al contrario se redujo; reducir el costo del pasivo, se hizo, pero a un menor ritmo que la ROA; y finalmente reducir deuda, pero esta aumentó.

Veamos el 2014, las cosas fueron peor, la ROA cayó a 5.10%, casi 4 pp menos que el 2012, el costo del pasivo se redujo a 6.70%, cerca de 2 pp menos que el 2012, otra vez a velocidades distintas, mientras la ROA bajaba en ascensor el costo del pasivo bajaba por escalera, haciendo un diferencial mayor de -1.60% (5.10%-6.70%). Sobre el apalancamiento, este bajó muy cerca a su nivel del 2012, a 9.77, estos números ocasionaron una pérdida de -15.65% (9.77*-1.60) que sumados a los 5.10% de ROA, terminaron por generar una ROE de -10.55%. Un menor apalancamiento pudo reducir la pérdida, pero de ningún modo la hubiera evitado, por lo menos no en tan corto período, por lo elevado del diferencial negativo de la rentabilidad.

Por último, la regla de oro que no debe olvidarse en economías ordenadas como la de Perú, cualquiera fuese el nivel de apalancamiento, dado un nivel de riesgo implícito al nivel de P*/PAT, es no permitir que el costo de la deuda sea superior al rendimiento de su inversión, porque no tendría sentido tomar deuda. Sin embargo, existen situaciones, fundamentalmente en economías con precios relativos distorsionados, en las que se combinan activos que generan pérdidas (que no fue el caso) y pasivos que generan ganancias (que tampoco lo fue), y en las que quizás convenga apalancarse cada vez más, pero esto será harina de otro costal.

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viernes, 27 de noviembre de 2015

LA ESTRUCTURA DE MERCADO EN LAS MICROFINANZAS

Hace unas semanas leía el siguiente artículo en el diario El Comercio, “El Sector Microfinanciero en el Perú”1, en el que su autor esgrimía las consecuencias de la competencia que se observa en el sector, cuando afirmaba, entre otras cosas, lo siguiente: “La mayor competencia también se ve reflejada en una disminución de las tasas activas cobradas a los clientes (sin necesariamente una reducción de tasas pasivas para contrarrestar el efecto). Esto, en general, ha llevado a menores rentabilidades patrimoniales de las instituciones microfinancieras en comparación con hace algunos años y que hace a algunos jugadores no sostenibles”.
Continuó argumentando: “En España, por ejemplo, solo entre el 2009 y el 2013 se redujo el número de Cajas de Ahorro y Crédito de 45 a 11, trayendo consigo mejoras importantes de eficiencia, en la diversificación de carteras y, por tanto, en [el] perfil de riesgo, así como mayor facilidad en el acceso a capital para fortalecer los balances. El sector microfinanciero en el Perú aún está compuesto por más de 30 entidades microfinancieras no bancarias y algunos expertos opinan que debería tener solo alrededor de 10”.
Veamos cómo esclarecemos lo publicado con ayuda del análisis microeconómico, lo primero que debemos saber es que una empresa, sea financiera o de otra índole, es una institución que combina factores de producción (Tierra, Trabajo, Capital y Habilidad Empresarial) por los cuáles incurre en costos, y los utiliza para producir y vender bienes o servicios, sobre los que obtiene ingresos, los cuales deben ser superiores a sus costos para generar utilidades, porque de lo contrario se generarán pérdidas.
Lo particular de una entidad financiera, es que canaliza los ahorros o excedentes de los agentes superavitarios hacia aquellos otros agentes deficitarios que tienen necesidades de financiamiento o de crédito. Por esta intermediación cobran un precio, que constituye la base de sus ingresos en forma de intereses, y que se denomina Tasa Activa de Interés (TAI). Asimismo, también incurren en costos, como los operativos, precisamente por la administración de esos excedentes, pero además deben pagarse intereses a quienes ahorran, por el sacrificio de postergar su consumo, estos intereses se calculan aplicando a los depósitos un porcentaje o precio, que se denomina Tasa Pasiva de Interés (TPI).
La intermediación financiera descrita, es la esencia del mercado crediticio, donde se establece un equilibrio de los fondos prestables, cuando el Ingreso Marginal (IMg), que se deriva de la curva de Demanda de Créditos (DR), es igual al Costo Marginal (CMg), que es también la curva de Oferta de Créditos (OC). La manera de cómo se consigue este equilibrio, es determinado por la forma o estructura de cómo está organizado el mercado, en cuanto a la cantidad de ofertantes y demandantes que operan a su interior, y a la relación de poder, sobre la determinación del precio, que surja de la interacción de estos, que para el caso que se analiza es de competencia monopolística, un modelo de estructura de mercado donde las empresas, haciendo frente a las barreras existentes, son libres de entrar y salir del sector, como se verá más adelante, y que se representa en la figura Nº 1.
Observe que el nivel de crédito donde se maximizan las utilidades se logra cuando el IMg = CMg, estableciéndose seguidamente una TAI sobre la curva de demanda DR que enfrenta una entidad en particular. Ahora, para entender cómo se determina la TPI, debemos deducir que la curva de Oferta de Fondos (OF) es producto de los depósitos (OD) que acoge la entidad y de sus costos operativos, la cual a través del proceso de creación de medios de pago - magnificado por el multiplicador bancario, que a su vez depende inversamente de la tasa de encaje y de la preferencia por liquidez -, se convierte en la curva de Oferta de Crédito (OC), aumentando la capacidad de oferta de financiamiento de la entidad y en consecuencia reduciendo la TPI - como nos lo hace saber el Profesor Ph.D. César A. Ferrari de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia -, que es también como dijimos su CMg, además de incluir, por la capacidad que tienen las entidades financieras, los adeudos, una clase de pasivos distintos a los depósitos del público.
Continuando con el razonamiento y con la finalidad de simplificar el análisis para entender la estructura de mercado del sector microfinanciero, diremos que todas las entidades que conforman este sector regulado y no bancario, tienen una función de producción muy semejante, en cuanto a objetivos que persiguen y a estrategias que adoptan. Entendamos una función de producción como una relación entre las distintas combinaciones de los factores de producción y el volumen de producción que se pueda obtener.
Por tanto, como lo sostiene el profesor Michael Parkin de la University of Western Ontario, en Canadá, la forma de cómo se combinan los factores de producción para obtener un determinado volumen de producción nos lleva a dos conceptos de eficiencia: La eficiencia tecnológica, que ocurre cuando una empresa obtiene su producción de bienes o servicios utilizando la menor cantidad de estos factores o recursos, y la eficiencia económica, que ocurre cuando una empresa obtiene su producción de bienes o servicios al menor costo posible. Para el profesor Parkin, el método económicamente eficiente, es aquel que utiliza la menor cantidad de recursos más costosos y la mayor cantidad de recursos menos costosos, afirmando: “Cuando las empresas no son económicamente eficientes, no maximizan sus beneficios. La selección natural favorece a las empresas eficientes y se opone a las ineficientes; a la larga, estas últimas dejan de operar o son compradas por empresas con menores costos”.
Infortunadamente, algunas instituciones de microfinanzas (IMFs), dentro de un contexto variado de competidores, fundamentalmente financieras y bancos, son mayormente ineficientes tecnológica y económicamente, porque usan los recursos en mayor cantidad, por ejemplo el factor trabajo, debido a un modelo de gestión que por su propia naturaleza descansa en la utilización de mucha mano de obra, como analistas de créditos y auxiliares de operaciones, con toda la rigidez laboral que esto supone en Perú, pero tampoco son eficientes al continuar utilizando metodologías y prácticas tradicionales y costosas de evaluación del riesgo crediticio y atención al cliente, es decir, utilizan mucha cantidad de recursos costosos, configurando una función de producción menos eficiente y por extensión una función de costos medios totales (CMeT) más altos, en relación a otros competidores como el sector bancario, que por sus buenas prácticas de gobierno, curvas de aprendizaje, productividad y solvencia, son más eficientes.
Ahora, imagine usted que es contratado para ocupar la gerencia de una IMFs y toma conocimiento que en el mercado hay un buen número de competidores, sin constituir un mercado de competencia perfecta, lo que lo hace un mercado fragmentado, es decir, donde cada empresa en el corto plazo participa con una cuota del total de la industria, y que la demanda residual capturada (DR), que hace posible sostener ese nivel de participación en el sector, es producto de la diferenciación en precio, calidad y actividades de marketing, características que configuran un modelo de estructura de mercado de competencia monopolística, como se presentó en la figura Nº 1, en el que se muestra un escenario de ganancias, debido a una adecuada gestión de costos o una apropiada estrategia de comercialización. Sin embargo, usted sabe que no todas las IMFs son gestionadas con el mismo grado de eficiencia, por lo que intuye que alguna IMFs podría estar inmerso en un escenario nada favorable, en donde este registrando pérdidas, como en la figura Nº 2, por las razones expuestas, costos medios elevados o una menor cuota de participación.
Por último, considere una reducción de la demanda residual que enfrenta la IMFs, quizás por una deficiente gestión de los recursos de la entidad ante una incapacidad de adaptación a las nuevas exigencias del mercado, de tal modo que tanto su curva DR como la del IMg se desplacen a la izquierda, como en la figura Nº 3, determinando un nivel menor de utilidades, como lo testifica el cuadrante amarillo de menor área que el celeste original. Si además, suponemos un aumento de la demanda relativa de mercado (DM) en un contexto de crecimiento económico, hará que esta curva se desplace a la derecha, configurando un escenario atractivo para que entren nuevos competidores o se fortalezca la rivalidad existente para ocupar este vacío, presionando a la baja los márgenes de rentabilidad, si a esto se le suma una gestión que lleva los costos medios al cielo en términos relativos a la demanda que enfrenta, no habrá forma de evitar que suceda lo de las Cajas de Ahorro y Crédito de España, donde sólo las mejores gestionadas y con solvencia patrimonial fueron las que quedaron.

1En este link pueden leer el artículo citado, http://elcomercio.pe/economia/opinion/sector-microfinanciero-peru-nicolas-oberrath-noticia-1850659
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martes, 6 de mayo de 2014

EL TIPO DE CAMBIO CRUZADO

En la primera semana del mes de abril el presidente de la cámara de comercio de Tacna en Perú, ciudad fronteriza con Chile, comentaba en una emisora radial en relación al comercio transfronterizo, que le preocupaba el diferencial de cambio entre el peso chileno y el sol peruano. El señor Fuster en relación al cambio de monedas argumentó: “El sol bajó de los 2,80 y hay noticias que dicen que está sobrevaluado y por otro lado el presidente del BCR dice que no lo es[ta]. Qué pasa si sigue cayendo el cambio, y en Chile es a la inversa, está perdiendo valor el peso y se abrirá más la brecha y nos perjudicaremos en Tacna”.

Al presidente de la cámara de comercio no le falta razón cuando manifiesta su preocupación por el comercio de la ciudad, muy dependiente del consumo de ciudadanos chilenos que cruzan la frontera a diario. Veamos como clarificamos lo expresado, lo primero es entender que ambos países miden sus tipos de cambio en relación a una misma moneda fuerte, que desde los acuerdos de Bretton Woods tal hegemonía le corresponde fundamentalmente al dólar estadounidense.

Lo segundo que debemos comprender, como lo sostiene la teoría económica, es que cuando la moneda de un país se deprecia o pierde valor frente a otra moneda extranjera, sea el peso chileno o el dólar americano, los bienes de este país se abaratan en términos de la moneda extranjera, siempre y cuando el efecto de traspaso o pass-through del tipo de cambio a precios no sea completo. Asimismo, cuando la moneda de un país se aprecia o adquiere valor frente a otra moneda extranjera, los bienes de este país se hacen más caros en términos de la moneda extranjera.

Para terminar de comprender el desvelo de la autoridad de la cámara de comercio utilicemos el tipo de cambio cruzado, que es el precio de una moneda en términos de otra moneda, pero calculado a través del cambio de una tercera moneda, que como dijimos es el dólar (USD), veámoslo en el caso del peso chileno (CLP) y el sol peruano (PEN):

Donde:

TC(CLP/PEN)    = Tipo de cambio de pesos chilenos por un sol.
TC(CLP/USD)    = Tipo de cambio de pesos chilenos por un dólar.
TC(PEN/USD)    = Tipo de cambio de soles peruanos por un dólar.

Si tomáramos los tipos de cambio en el momento en el que se está redactando este artículo el 06 de Mayo, extraídos de la plataforma de bloomberg, el tipo de cambio sería de 202.3527 pesos chilenos por un sol peruano, el que a su vez se derivó del cambio de 566.79 pesos por dólar y 2.801 soles por dólar.

Ahora, si por alguna razón, dentro de un mismo período, la moneda chilena se deprecia frente al dólar y la moneda peruana en cambio se aprecia frente al mismo dólar, los chilenos cada vez que crucen la frontera deberán llevar más pesos por un sol, es decir, sentirán que su gasto en bienes o servicios peruanos se incrementa en su moneda, por lo que probablemente ya no les resulte ventajoso comprar bienes peruanos. Por el contrario, si lo viéramos de forma inversa diremos que los peruanos tendremos que dar menos soles para adquirir un peso chileno o con un mismo sol se pueden comprar más pesos, por lo que nos resultaría ventajoso comprar más bienes chilenos.

Eso es precisamente lo que ha sucedido durante el mes de abril, observen el gráfico, el 1º de abril el cambio promedio bancario en Perú, según la Superintendencia de Banca, era de 2.806 soles por dólar y en Chile de 551.18 pesos por dólar, según el dólar observado por su Banco Central, es decir, un cambio de 196.43 pesos chilenos por un sol. Miremos ahora el cambio del 25 de abril, ese día según las mismas fuentes, en Perú se intercambiaban 2.802 soles por un dólar y en Chile 559.67 pesos por dólar, es decir, 199.74 pesos chilenos por un sol peruano, una apreciación del sol peruano del 1.69%, que hace que los bienes peruanos sean más caros, si comparáramos el cambio a hoy de pesos por soles de 202.3527, la apreciación sería de 3.02% y en lo que va del año esta sería de más del 8%.

Mientras el peso chileno se siga depreciando y el sol peruano manteniéndose relativamente estable o en su defecto apreciándose, u optimistamente depreciándose a un ritmo menor que el peso chileno con respecto al dólar, el comercio en Tacna continuará interiorizando las consecuencias de las políticas monetarias de ambos países y de terceros, y probablemente ya no será solo la preocupación del presidente de la cámara de comercio.

Publicado en formato resumido en el Diario Sin Fronteras de Tacna el 14/05/2014
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martes, 22 de abril de 2014

LA JIRAFA DEL TIPO DE CAMBIO DE EQUILIBRIO

Hace poco leía el artículo “¿Se viene una segunda devaluación del peso argentino?”1 publicado por el profesor Germán Fermo, Ph.D. in Economics de UCLA y director de la Maestría en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella de Argentina, y vino a mi memoria lo expresado por el gran economista Carlos Díaz Alejandro – referido por Esteban Hnyilicza – en cuanto a que el tipo de cambio de equilibrio es como la Jirafa, “Es difícil de describir, pero uno la reconoce cuando la ve”. Metáfora que describe la conciencia que tenemos algunos economistas del equilibrio cambiario.

En un párrafo de su artículo el profesor Fermo señala: “Argentina tiene dos problemas. Primero, padece de una inflación absoluta alta. Segundo, padece además de una inflación relativa alta. Si todos los países de la región padeciesen de una inflación del 30% anual, Argentina no tendría un problema de apreciación cambiaria crónica, la espada de Damocles es precisamente que estamos solos inflacionando y esta dinámica nos pone en una trampa relativa y perversa”.

Para comprender lo señalado por el profesor debemos acudir al enfoque de la Paridad de Poder de Compra relativa (PPC), que suele utilizarse como instrumento de medición del desalineamiento cambiario, según este enfoque el tipo de cambio nominal debe ajustarse por el diferencial de la inflación entre los países en cuestión para mantener constante el tipo de cambio real, sea este bilateral o multilateral, el cual se expresa como:


Donde:

q          = Tipo de cambio real.
TCN     = Tipo de cambio de la moneda nacional por moneda extranjera.
PE       = Precio en moneda extranjera de la canasta extranjera.
PN       = Precio en moneda nacional de la canasta nacional.

Lo que podemos decir es que si la inflación en Argentina es más alta que la inflación de cualquier país de la región, el tipo de cambio del peso con respecto a las monedas extranjeras de esos otros países debería aumentar o depreciarse - si se desea mantener el tipo de cambio real o la competitividad de los bienes argentinos - en un porcentaje igual a la diferencia entre sus tasas de inflación, porque de lo contrario implicaría una reducción o apreciación del tipo de cambio real o una pérdida de competitividad de Argentina, intercambiándose menos bienes argentinos por uno extranjero, es decir, encareciendo a los primeros y abaratando a los segundos. Ahora, si todos los países de la región o con los que comercia Argentina tuvieran una inflación igual de alta no habría mayor preocupación más que de su valor absoluto, porque siempre es mejor gestionar en un entorno de inflación baja que en uno de inflación alta.

A primera vista podría parecer que la depreciación de la moneda resolvería los problemas de Argentina o de cualquier país que este inflacionando, desafortunadamente no es tan simple, debemos reconocer que la PPC relativa es solo un método que busca corregir el desalineamiento o apreciación cambiaria, ocasionado fundamentalmente por el efecto de variables monetarias como la inflación. Sin embargo, dista mucho de ser una teoría del equilibrio cambiario, pues, no recoge el efecto de factores reales sobre el mercado de cambios como los flujos de capitales externos o la productividad de los factores, además, porque supone que el equilibrio cambiario del año base sobre el cual se mide el posterior desalineamiento o desvío cambiario es una situación en la que el tipo de cambio real es el “deseado” y que suele expresarse como aquel que estuvo vigente en un año de “equilibrio externo”, pero que no nos dice realmente como se calcula ese tipo de cambio real de equilibrio deseado.

Para tener una noción general de lo que es un equilibrio debemos mirar - como lo explicara el profesor Xavier Sala i Martín - aquella situación en la que estando en un supermercado decidimos acercarnos a pagar nuestro consumo y observamos que la longitud de las filas de personas detrás de cada una de las cajas de pago es variada, las que a su vez motiva a que muchas personas decidan salirse de sus respectivas filas para irse a la más corta, pero al hacerlo reducen la longitud de la que fueron sus filas originales, induciendo a otras personas a dirigirse a ellas, este reacomodo de personas seguirá hasta que todas las filas tengan una longitud parecida, con lo que ya no habría incentivo para moverse, es decir, se habrá llegado a una situación de equilibrio, que por cierto podría durar muy poco dependiendo de la velocidad con que son atendidas las personas.

En consecuencia, debemos entender que el equilibrio cambiario – como lo sostuvo Esteban Hnyilicza, Ph.D. del MIT y exdirector del Banco Central de Reserva del Perú, y sobre el que descansan las ideas principales de este artículo – debería recoger la concurrencia de variables económicas y sus proyecciones en dirección a conseguir un “balance adecuado” entre los objetivos de estabilidad de precios y de competitividad externa, en una trayectoria hacia un crecimiento sostenible de largo plazo, proceso que por cierto es muy dinámico ante diversos shocks internos y externos, y que poco tiene ver con la estabilidad de las longitudes de las filas de nuestro supermercado.

La persistencia entonces del desalineamiento o apreciación cambiaria real – entiéndase como la desviación del tipo de cambio real de su valor de equilibrio – es fuente de muchas perturbaciones sobre la economía real, siendo quizás la de mayor preocupación para el profesor Fermo el sesgo inflacionario de las expectativas de nuevas depreciaciones, alimentadas por la sobrevaluación del tipo de cambio real, cuando afirma: “El problema de padecer una inflación muy por encima a la de nuestros competidores es que permanentemente genera una dinámica perversa sobre el tipo de cambio real que presiona permanente al tipo de cambio nominal”. Al parecer, Argentina, una nación rica que no termina por digerir su propia experiencia, estaría en el círculo vicioso depreciación-inflación-depreciación del que no saldrá fácilmente y sin dolor.

1En este link pueden leer el artículo del Profesor Fermo http://www.infobae.com/2014/04/07/1555576-se-viene-una-segunda-devaluacion-del-peso-argentino
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