sábado, 20 de abril de 2013

EL AGUA Y LA FALACIA DE LA COMPOSICIÓN

En el último partido de la selección de fútbol ¿Se percató usted de que algunos de los aficionados prefieren observar el juego estando de pie?, quienes lo hacen sostienen que así lo pueden ver mejor, pero que si todos los aficionados hicieran exactamente lo mismo, tenga la plena seguridad de que la visión del juego definitivamente no mejorará para nadie. Sin embargo, sostener que siempre se estará en mejor posición estando de pie es caer en lo que los lógicos llaman la falacia de la composición, que se presenta cuando se cree que lo que es cierto para una de las partes es necesariamente cierto, sólo por esa razón, para todos, o a la inversa, lo que puede ser cierto para todos es necesariamente cierto, solo por esa razón, para las partes.

Esta falacia o falsedad es muy común en economía y debe evitarse, otro ejemplo, es cuando algún agente económico en época de crisis económica decide que la mejor defensa es ahorrar, y puede que no le falte razón, que mejor que el ahorro ante una perspectiva de mucha incertidumbre. Sin embargo, si todo el mundo ahorraría, incluso los agentes productivos, es decir, no gastar ni en consumo ni en inversión, el crecimiento económico decaería por menor demanda o mayor oferta, y a mediano plazo también disminuirían los precios, el empleo y los ingresos de las personas, y en consecuencia también el ahorro que depende del ingreso, que ahora es menor, precisamente por la crisis. En suma, quienes planearon ahorrar en un inicio es probable que no lo logren como parte de un todo; lo que es aparentemente cierto para un agente no necesariamente es cierto para todos.

De igual manera, creer que la tarifa del agua deba ser baja para mejorar el bienestar de pocos no necesariamente lleva a mejorar el bienestar de todos. La razón es económica, y tiene que ver fundamentalmente con dos de las funciones de los precios o tarifas, que es el de transmitir información y el de proveer incentivos, brillantemente expuesta por el profesor Milton Friedman de la Universidad de Chicago y Premio Nobel de Economía en 1976, en su clásico libro “La Libertad de Elegir”, escrito conjuntamente con su también brillante esposa, Rose Friedman.

Veamos cómo funciona, suponga una situación de ausencia de lluvias, con estragos severos sobre la dotación de agua potable a la ciudad, es de suponerse, a consecuencia de la sequía que la poca agua que se ofrezca deba subir de precio, por el principio de la escasez relativa, que dice que las cosas se valoran según su grado de escasez. En consecuencia, al ser escasa el agua se estará dispuesto a pagar un precio más alto - o al contrario, cuanto menos se valore algo, por su abundancia, se estará dispuesto a pagar menos - induciendo a un uso más eficiente del bien, precisamente porque es escaso. Si esto no lo convence, piense que le sucederá al precio del agua embotellada en este mismo entorno, también subiría, porque la gente acudiría a comprarla masivamente para sustituir el agua que no llega por las tuberías. Es decir, precios más altos están informando al mercado de que el bien es escaso, y que debe ser valorado como tal.

Ahora, ¿Qué cree que pase si una decisión política impide que los precios suban?, asuma por ejemplo que se activa un dispositivo legal que congela las tarifas. Un efecto inmediato es que quienes están dispuestos a pagar un precio más alto, es decir, los que valoran más el agua, se beneficiarán, pues tendrían una ganancia entre lo que estuvieron dispuesto a pagar y lo que realmente pagan, a esta diferencia los economistas la llamamos excedente del consumidorAdemás, el congelamiento de precios también involucra al productor de agua, quien debería recibir un precio más alto en relación a su costo si se dejara que suba la tarifa, este es el excedente del productor, pero al no ser así, tendrá una pérdida económica igual a la diferencia entre lo que podría haber recibido si la tarifa fuera más alta y lo que realmente recibe por el congelamiento de la misma.

En resumen, lo que está sucediendo es que la ganancia del excedente del consumidor es la pérdida del excedente del productor, con lo cual se distorsionan los incentivos para el consumo y la producción de agua. El consumidor preferirá dejar el caño abierto, regar continuamente su jardín y bañar a su mascota tres veces al día, porque lo que le cobran no refleja lo que está dispuesto a pagar por hacerse del bien, y el productor no tendrá los incentivos para mejorar su servicio, porque lo que recibe no refleja la tarifa real del bien, es probable entonces que no realice las inversiones suficientes para mantener el servicio de forma adecuada, porque su costo de oportunidad es relativamente alto.

¿Cómo distribuir un recurso como el agua que los consumidores no valoran y que los productores no satisfacen a plenitud?, como lo hemos venido sufriendo desde que uno tiene uso de razón, a través del racionamiento del servicio por horas. Prueba de ello son los tanques de almacenamiento que podemos observar en las azoteas de las casas, y más aún cuando prestamos atención al tránsito de las cisternas de agua dirigiéndose a las zonas más alejadas de la ciudad, donde un poblador termina pagando más por metro cúbico de agua de lo que paga un residente de una zona más céntrica.

Creer que el agua por ser un elemento fundamental para la vida no pueda ser administrada eficientemente como un bien cualquiera, está totalmente equivocado, sino observe la multa de un poco más de US$.5 Millones de dólares impuesta a la empresa privada Aguas Andinas de Chile, en compensación a los consumidores por no haberles comunicado oportunamente los cortes del servicio durante el verano pasado, a quienes compensará con unos $4,000 pesos y que estarán incluidos en sus próximos recibos. 

Por último, quienes crean que mejoran su bienestar al no aceptar que la tarifa del agua recoja el valor que la sociedad está dispuesta a darle, es porque está cayendo en una falacia, el de recibir una dotación en menor cantidad y calidad que probablemente el mercado satisfaga mejor, al igual que aquellos que no tienen los argumentos suficientes y fuertes para defender sus decisiones.

Publicado en el Diario La Prensa de Moquegua el 02/05/2013. Este artículo fue actualizado.
© Copyright, este artículo puede ser distribuido libremente, siempre y cuando, se cite al autor.