martes, 8 de agosto de 2017

LA ANALÍTICA DE DATOS Y SU IMPORTANCIA PARA LAS INSTITUCIONES DE MICROFINANZAS

Leía en relación a la estrategia de analítica predictiva una frase atribuida a Mark Twain: “La mayoría de la gente utiliza las estadísticas de la misma forma en que un borracho utilizaría un poste de la luz, más por el apoyo que por la iluminación”, en este sentido y para dilucidar la importancia de una adecuada gestión de datos estadísticos me referiré a la analítica de datos históricos en la determinación de relaciones y tendencias, que es la esencia de un modelo descriptivo, de la rentabilidad sobre el patrimonio (ROE), entendida como la utilidad neta anualizada sobre el patrimonio contable promedio de las Instituciones de Microfinanzas (IMFs) de Perú en los últimos 16 años, particularmente de las Cajas Municipales de Ahorro y Crédito (CMACs). Para esto utilizaré un software estadístico que me permitirá escudriñar en la data mensual de las IMFs, publicadas por la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) para los años 2001 al 2016, asimismo, para una mejor comprensión la acompañaré con el servicio de inteligencia artificial que me brinda una excelente y poderosa plataforma cloud de refinación, exploración, analítica predictiva y visualización inteligente de datos.


Empecemos, la figura de arriba es una secuencia anual de gráficos box plots o gráfico de caja y bigotes del subsector financiero de las CMACs, sepamos que cada caja contiene el 50% de los datos centrales entre el tercer cuartil (Q3) y el primer cuartil (Q1), cuya diferencia representa un indicador de dispersión estadístico denominado rango intercuartílico (RIC), por lo que la mayor o menor longitud de la caja muestra el grado de dispersión o concentración de la mitad de los datos, la caja también incluye la mediana o el segundo cuartil (Q2), que está representado por una linea horizontal al interior de la caja, al igual que la media, simbolizada por un circulo con una cruz. Por su parte, los bigotes son las lineas verticales que representan al 50% de los datos restantes y que salen de ambos extremos de la caja, algunas veces determinados por sus valores máximos y mínimos cuando los datos caen dentro de los límites superior e inferior, calculados estos por más o menos (+/-) una y media veces el RIC en relación al percentil 75 y 25 respectivamente, aún cuando otras veces los extremos de los bigotes son los valores más próximos o iguales a estos límites, debido a que sus mínimos o máximos son outliers, aquellos datos atípicos que se encuentran fuera de los límites y que distorsionan la media, en la figura hay uno solo de ellos, identificado por un asterisco en el año 2008.

Lo primero que observamos es un ascenso de las gráficas de cajas hasta el 2003, lo que denota un aumento de la mediana en esos tres primeros años, de más del 26% en el 2001 a un poco menos del 33% en el 2003, fíjese además que este crecimiento de la ROE estuvo acompañado por una menor dispersión del RIC, de 2.61 en el 2001 a 1.67 en el 2003, lo que quiere decir que las diferencias en las rentabilidades financieras, en un contexto de crecimiento promedio de todas las CMACs, fue reduciéndose. Sin embargo, al año siguiente, no solo aumentó la dispersión en relación a los tres años anteriores, el RIC aumentó a 3.32 en el 2004 el doble del experimentado en el 2003, sino que también la mediana se derrumbó en más de 5,5 pp con respecto al año anterior, más que la media que lo hizo en 4,8 pp, lo que aglutinó la distribución de las rentabilidades en los valores inferiores, es decir, el 25% de los datos que se encuentran entre Q1 y Q2 están más próximos entre si, que los datos de la misma proporción que se encuentran entre el Q2 y el Q3, sesgando la distribución hacia la derecha, además de que el bigote superior es más largo que el inferior, en concreto, en el 2004 las rentabilidades entre las CMACs además de caer, fueron mayormente diferentes entre ellas en relación a años anteriores.

El 2005 pareció confirmar que el descenso del 2004 fue un exabrupto estadístico, la mediana y la media se recuperaron alrededor del 30% y el RIC se redujo a 1.93, pero observe, ambos valores no recuperaron los niveles del 2003, a partir de allí es otra historia, hubo reducción acelerada de la rentabilidad hasta el 2013, en el que la mediana alcanzó su valor más bajo, 12.64%, una caída de casi 20 pp en relación al 2003, con un hipo el año anterior. A juzgar por los rendimientos de los años sucesivos, pareciera que el 2013 fue el piso de las rentabilidades de las CMACs y que desde el 2013 al 2016 se hubiese instaurado un patrón estacionario con una media de 13.5% y una dispersión, medida por el RIC, de igual o menor que la unidad, que podría indicar una madurez del mercado microfinanciero, dada la fuerte competencia a su interior, particularmente desde el 2002, año en que se permitió que todas las CMACs podían ingresar a cualquier ciudad a nivel nacional, hoy las más grandes Cajas Municipales están en casi todo el país.


Por otra parte, el descenso de la rentabilidad financiera no solo se experimentó en las CMACs, sino también en las otras IMFs, como son las Cajas Rurales (CRACs), Edpymes (EDPs) y Empresas Financieras (EFs), lo cual podemos comprobar en la segunda figura, donde se presenta los valores medios por año del 2001 al 2016 de la ROE para todas las IMFs reguladas y supervisadas por la SBS, a diferencia de la figura anterior de las gráficas box plots en la que se hacía referencia a la mediana y a su nivel de dispersión. Observe las barras de color celeste, que representan a las CMACs, tiene el mismo patrón de comportamiento descrito, pero ahora mire la media de la ROE de las otras IMFs, todas tiene igual patrón de descenso en sus rentabilidades financieras, por ejemplo, las CRACs tuvieron sus mejores años en el 2006 y el 2007, fíjese en la altura de cada barra de color verde, en las que sus rentabilidades fueron de 23.34% y 26.26% respectivamente, para a partir de allí descender hasta registrar valores negativos en crecimiento los últimos 3 años, de -3.02% en el 2014, -6.81% en el 2015 y -7.4% en el 2016. Comportamiento similar tuvieron las EDPs, la barra de color amarillo, cada vez con menor rendimiento hasta volverse negativo en el 2016 con -0.86%, por otro lado, de las EFs no podemos decir algo diferente, sus mejores años fueron 2005 y 2006 con rentabilidades de 41.15% y 47.43% respectivamente, aún cuando en los tres últimos años ha venido aumentando su rentabilidad hasta posicionarse con 14.88% en el 2016.

Entendamos algo más al respecto, en la figura que se presenta a continuación se observa para todo el periodo, la relación entre la rentabilidad financiera y el indicador del Margen Financiero Neto como proporción del ingreso financiero (MFN) por cada subsector de IMFs, la primera fila superior representa a las CMACs y las siguientes a las otras IMFs, puede verse en todos los casos que la intensidad del color verde representa la rentabilidad media, que va desde -7.4% hasta el 47.43%, tal como se mencionó antes, además de que el tamaño de cada recuadro representa el valor del ratio MFN, con valores que van desde 0.43 hasta 0.81, este indicador es importante porque nos puede dar una buena idea del manejo de las tasas de interés por la intermediación y de la gestión sobre las provisiones que también se incluye en el indicador.


Por ejemplo, en relación a las CMACs sus mejores años en materia de ROE fueron del 2001 al 2007, deben notarlo por la intensidad del color verde oscuro, para a partir de allí observar un color verde más claro que denota menor rentabilidad, correspondiendo el tono más bajo al año 2013, tal como lo muestra la gráfica de box plots, pero también vea que los años de mayor ratio del MFN le corresponde a los años 2003 y 2004, con un indicador de 0.71 y 0.69 respectivamente, lo curioso es el año 2004, que según el gráfico de cajas fue el año de menor ROE antes de empezar su descenso acelerado, porque registra la segunda razón del MFN más alta de los últimos 16 años, ratio que no se ha alcanzado a la fecha, aún cuando en el 2016 fue de 0.64, que por cierto viene creciendo desde el 2013, lo cual es bueno, por que hace suponer un adecuado manejo de tasas de interés, pero que esta acompañado con una rentabilidad financiera bastante menor que los primeros años, por lo menos hasta el 2009, quizás porque el índice de capital corriente o el de capital fijo aumentaron en el tiempo, lo cual podría indicar un uso cada vez menos eficiente del patrimonio contable por unidad monetaria de ingresos financieros, lo que podría suponer a su vez la existencia de un exceso de liquidez, que no se lograría intermediar por la rivalidad competitiva existente, aunque muchas veces es preferible tenerla a no contar con ella cuando se la necesita. Asimismo, en relación a las demás IMFs, definitivamente las EFs se llevan el galardón de los ratios más altos del MFN, pero solo los primeros años, con recuadros grandes, como el del año 2005 en el que registró un valor de 0.81, para después descender notoriamente hasta estar detrás de las CMACs en los últimos 3 años, pero vea el recuadro del 2016, si bien es más pequeño que el de las CMACs tiene un color más intenso, es decir, la ROE de las EFs de 14.88% fue mayor al 14.52% de las Cajas, con un ratio de MFN menor de 0.56 contra 0.64 respectivamente, lo que denotaría en última instancia un uso más eficiente de los recursos.

Por último, es básico comprender que una adecuada gestión de cualquier base de datos, tanto internos como externos, no debe recaer únicamente en la responsabilidad de las unidades tecnológicas, como la mayoría de las veces sucede, porque no basta con extraer, transformar y cargar los datos en un data marts, se requiere un involucramiento total de quienes tienen compromiso estratégico funcional - la alta dirección -, en la implementación de procesos analíticos y predictivos, aún cuando esto debería interiorizarse en la cultura de toda la organización, porque los datos dan visibilidad de patrones o tendencias que deben ser claramente identificas para una adecuada y oportuna toma de decisiones, como lo que acabamos de observar con la rentabilidad financiera, que debería conducir a preguntarse, entre otras cosas, si los niveles actuales de ROE están o no superando el costo del capital, que es lo que los inversionistas o propietarios deberían de exigir como mínimo, ya que la rentabilidad no se mide en términos de resultados monetarios, sino en proporción al rendimiento de cada unidad de patrimonio, y más aún en tasas reales y no nominales, pero ¿por qué convendría la analítica de datos en estos casos?, porque no habría otra manera de hacerles saber a las IMFs que deberían obligarse a reconfigurar sus cadenas de valor para lograr diferenciarse y crear valía a sus accionistas, el contexto es totalmente diferente al de hace 16 años, no basta contar con nuevos productos o nuevos canales de atención, que por cierto las nuevas tecnologías las facilitan mucho, sino que se vuelve fundamental, además de la vinculación formal, crear vínculos emocionales que perduren en el tiempo, pero para que esto ocurra debe personalizarse el tratamiento de la información de los clientes y los datos son esos conectores que deberían ayudar en ese propósito.

Recuerdo lo risible que le produjo a un Data Scientist cuando le preguntaron con cuantos cientos de miles, por no decir millones, de datos había trabajado, como si solo el volumen importara y no la velocidad, variedad, veracidad y valor de los datos, y tampoco las diferentes disciplinas que uno debe conocer para leer adecuadamente la información, para precisamente transformarla en ventaja competitiva a través de Data Mining, por eso es elemental entender que la analítica predictiva no es propiedad exclusiva de las unidades de TIC, después de todo bastaría con empezar con la Dark Data estructurada y no estructurada que toda organización almacena y que no explota y no le da valor. Quien no entienda que no se puede gestionar lo que no se sabe comprender y menos aún medir, parecerá un ferviente devoto de la utilización de un poste de luz solo como apoyo, quizás porque terminó de digerir otra frase de Mark Twain “Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas”.

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sábado, 9 de abril de 2016

LA POSICIÓN DE CAMBIO Y EL RIESGO CAMBIARIO

Esta vez quiero referirme al efecto de la variabilidad del precio del dólar sobre la solvencia de una entidad financiera, tradicionalmente se ha considerado que la mejor manera de estar protegido o libre del riesgo cambiario, por ejemplo ante un alza del tipo de cambio, es estar calzado en esa moneda, o lo que es lo mismo, tener una posición de cambio nula o cerrada, es decir, cuando los activos netos de pasivos en moneda extranjera (MEX) son iguales a cero. Sin embargo, este planteamiento no cuantifica el riesgo de solvencia de la institución, que se revela por la capacidad del capital de absorber pérdidas o por su nivel apalancamiento, que suele medirse a través del coeficiente de adecuación de capital (CAR, por sus siglas en inglés) y que se expresa como la razón del Patrimonio Efectivo entre los Activos ponderados por riesgos, que para efectos nuestros lo simplificaremos por la relación del Patrimonio entre el Activo. Veremos en consecuencia, que más que buscar una posición de cambio cerrada, debería tomarse en cuenta la brecha existente entre la dolarización de sus activos y la posición de cambio sobre el patrimonio, para medir el impacto real de la variación del tipo de cambio sobre el nivel de la CAR.

Para mostrar lo indicado, tomaré como referencia el modelo presentado en un documento de trabajo de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP de Perú, al que se le ha realizado un ajuste para hacerlo más digerible, quedando sus relaciones expresadas en las siguientes ecuaciones:


              (1)  A = An + Ae*E
              (2)  P = Pn + Pe*E
              (3)  CAR = K/A 
              (4)  K = A  P
Donde:

A   = Activos totales.
An = Activos denominados en moneda nacional.
Ae = Activos denominados en moneda extranjera.
E   = Tipo de cambio nominal.
P   = Pasivos totales.
Pn = Pasivos denominados en moneda nacional.
Pe = Pasivos denominados en moneda extranjera.
K   = Patrimonio.

La ecuación (1) denota que los activos totales, siempre son iguales a los activos en moneda nacional más los activos en moneda extranjera expresados en moneda doméstica a un tipo de cambio nominal, el mismo tratamiento se da a los pasivos de la ecuación (2), por su parte la relación (3) representa el coeficiente de adecuación de capital o CAR, y por último la ecuación (4) expresa la igualdad del patrimonio, activos totales menos pasivos totales. Ahora, reemplacemos en (3) la relación (4), por lo que la nueva expresión de la CAR queda del siguiente modo:

                                                                   K/A = (A – P)/A

A partir de esta relación podemos averiguar la condición que debe cumplirse para que una variación del tipo de cambio nominal no afecte el nivel de la CAR, para averiguarlo debemos calcular la derivada de la CAR respecto a E, reemplazando (1) y (2) en la expresión anterior, tenemos:

                             d(K/A)/dE = 1/A2*[A*(Ae – Pe) – (A – P)*Ae] = 0
                                                                A*(Ae – Pe) = K*Ae

Por último, si multiplicamos ambos lados de la expresión anterior por E/KA, tendremos:

                                                           E*(Ae – Pe)/K = E*Ae/A

Está expresión final nos dice que para que una variación del tipo de cambio nominal no afecte el coeficiente de adecuación de capital de una entidad financiera, la posición de cambio en moneda extranjera respecto al patrimonio debe ser siempre igual a la dolarización de los activos. Veamos el siguiente ejemplo para terminar de entenderlo, supóngase que una entidad financiera tiene las siguientes hojas de balance:


Observe en el balance 1 que la posición de cambio en moneda extranjera es cerrada, es decir, los Ae*E = Pe*E, por lo que podría suponerse que se presenta una situación libre de riesgo cambiario, ahora preste atención al cociente de esta posición de cambio sobre el patrimonio, es de cero, en cambio la dolarización de los activos es de 60%, lo que no corresponde a la igualdad de la última ecuación, además en este caso, la CAR es de 10%.

A continuación, suponga una apreciación del dólar del 20%, sus efectos se presentan en la hoja de balance 2, donde la posición de cambio en moneda extranjera sobre el patrimonio sigue siendo de cero, pero la dolarización sube a 64.29% y la CAR baja a 8.93%, en este contexto la situación patrimonial de la entidad financiera ha desmejorado, por un mayor riesgo de apalancamiento. Ahora, si en lugar de presentarse una apreciación del dólar, este se deprecia frente a la moneda local en la misma magnitud, la CAR aumentaría a 11.36%.

Veamos ahora la hoja de balance 3, con una posición de cambio abierta en moneda extranjera, expuesta también a la misma tasa de depreciación de la moneda doméstica del 20%, efecto que se recoge en el balance 4.


En este caso, la dolarización de los activos y la posición de cambio respecto al patrimonio son del 60%, como estipula la última ecuación, haciendo que la CAR sea de 10%. Ahora, el alza del tipo de cambio hace que la dolarización y la posición de cambio respecto al patrimonio pasen hacer 64.29%, vea el balance 4, pero la CAR se mantiene en 10%, es decir, esta posición de cambio de sobrecompra hace que el coeficiente de adecuación de capital se mantenga constante. Suponga ahora que la moneda local se aprecie en lugar de depreciarse frente al dólar en el mismo porcentaje, la CAR seguiría siendo de 10% y la dolarización y la posición de cambio respecto al patrimonio se reducirían a 54.55%, pero siempre manteniendo la igual de la ecuación final.

Es probable que esta volatilidad del coeficiente de adecuación de capital ante variaciones del tipo de cambio nominal, sea una de las razones del Banco Central de Reserva de Perú para su implementación de políticas de desdolarización de activos de las entidades financieras, como la exigencia de encajes adicionales si se supera un límite determinado en colocaciones en moneda extranjera, con el fin de inducir al sistema a reducir sus posiciones de cambio, como una señal de mejora en la percepción de riesgo de la economía en general y del sistema financiero en particular.


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jueves, 11 de febrero de 2016

El LIDERAZGO SITUACIONAL Y LOS CEOs

Hace poco leía un artículo1 en el que su autor sostiene que el apetito por líderes estratégicos en Perú ha disminuido, por lo menos así parece creerlo, al señalar que muchas empresas han recibido asesoría estratégica a través de consultores y de sus propios ejecutivos (CEO, Chief Executive Officer), pero que sus resultados de crecimiento económico o financiero no han sido de los mejores, por lo que concluyó, que ahora más que antes las organizaciones requieren más y mejores líderes implementadores que sus propios líderes diseñadores de estrategias, que suelen ser tipos aburridos y pensantes, pero que les cuesta implementar sus propias creaciones, porque no lo ven como un reto a su intelecto. Sostiene además, que las razones que lo explican resultan obvias, mercados cada vez más competitivos y la exigencia de directivos o dueños de empresas por resultados en el corto plazo, nos dice también que estos líderes o CEOs inicialmente no suelen contar con una buena percepción de parte de sus subordinados, pero que en el transcurrir de los años se ganan su respeto y lealtad, primordialmente por los resultados alcanzados, al identificar y explotar la fortaleza de cada uno de ellos, más que por una adecuada gestión de sus emociones.

Puede que el momento justifique esta percepción, pero lo concreto es que el liderazgo sobre una organización no puede y no debe ser único en el tiempo, o como lo manifiesta el profesor Idalberto Chiavenato cuando se refiere a la teoría situacional de la administración, en la que no hay nada absoluto y en el que el factor ambiental es el que relativiza todo, no existe una relación de causalidad entre un líder estratégico o implementador y los resultados, lo que existe es una relación funcional del tipo “Si el contexto es…entonces”, que es a fin de cuentas lo determinante en los objetivos a alcanzar. En consecuencia, si el contexto es el factor ambiental por excelencia, es también el repositorio de los estados de humor de los agentes que operan en los mercados, es decir, es el que configura la ciclotimia de la economía, con sus estados de euforia y pánico, y por extensión a las distintas caracterizaciones de líderes que se requieren para hacer frente al contexto en el que las organizaciones se desenvuelven.

Sin embargo, esta no es una condición sine qua non para decidir el tipo de liderazgo que se necesita, debemos ir un poco más allá, y comprender que más importante que el contexto es la percepción o expectativa que se tenga del mismo, es decir, es la disociación o descalce entre las suposiciones que se esperan que suceda y la realidad concreta que se presenta, lo que hace que el comportamiento del líder y el de los seguidores se vaya adaptando al nuevo contexto, en este sentido, la efectividad del liderazgo dependerá del grado en el que el líder adecue ese estilo a cada situación cambiante, como nos lo recuerdan Emilio Sánchez y Andrés Rodríguez en su paper sobre los 40 años de la Teoría del Liderazgo Situacional (TLS), y en el que revisan el modelo propuesto por Paul Hersey y Ken Blanchard, que inicialmente se llamó Teoría del Ciclo Vital del Liderazgo, y de sus diversas variantes.

En la TLS se reconoce a la tarea y a las relaciones, como fundamentales para el comportamiento del líder, dos dimensiones relevantes para categorizar a un líder como implementador o estratégico, en el que además el grado de madurez de los subordinados y las bases de poder del líder, en selección y dosis, resultan medulares para su identificación en una u otra categoría, entendiendo la madurez como una serie de cambios continuos que “transforman” a la persona de inmadura a madura, en relación a la adquisición de competencias referidas a la tarea que debe cumplir, cambios como por ejemplo, su focalización en el corto plazo a favor de una visión de prevención y aprovechamiento más amplia o de largo alcance, o el de una actitud un tanto pasiva hacia una de mayor involucramiento o activa, y en el que el poder de influencia que se ejerce sobre ellas se sustenta, entre otros, en la coerción, la recompensa, el ser referente y la conexión.

Por lo tanto, debemos asumir que en épocas de ralentización de la economía y los negocios como el que estamos experimentando, el liderazgo suele ser diferente al ejercido en épocas de euforia o crecimiento, lo que no quiere decir que se esté sustituyendo un líder por otro según la oportunidad favorable, o que tal o cual posición del líder sea mejor o peor, ambas obedecen a situaciones particulares y únicas, con costos y beneficios diferentes, lo que sí es cierto, si se es o no un líder implementador o estratégico, es que debe identificarse adecuadamente el grado de madurez de los subordinados y del propio líder, en cuanto a las competencias para el puesto y su propia motivación, porque si no son los adecuados para una situación específica, es poco probable que la organización alcance sus objetivos, de allí la necesidad de balancear convenientemente la calidad del líder y de los subordinados con los resultados deseados.

En relación al caso de los CEOs peruanos, no creo que sea muy diferente al de otros países emergentes, el mercado al parecer esta priorizando, dada la globalización de un ambiente hostil, el estilo de liderazgo basado en la oportunidad de la tarea y en los resultados de corto plazo, en el que el líder detalla las tareas que debe realizar el subordinado, explicándole las cosas que debe hacer y cómo hacer, basado quizás en la experiencia, la información y en un poder formal, coercitivo y bajo una combinación de premios y castigos, en menosprecio del fortalecimiento de la relación, en la que el líder práctica la comunicación de ida y vuelta, la empatía y la conexión, para el logro de un nivel adecuado de confianza, necesaria en la conformación de equipos de trabajo y en la sostenibilidad de la organización en el mediano plazo, en el que además la autoridad se sustenta en la moral, en la admiración y la lealtad, no solo por los resultados alcanzados sino también por la enseñanza de que la satisfacción del interés colectivo siempre es mayor que la de los propios y naturales intereses individuales.

1En este link pueden leer el artículo citado, http://semanaeconomica.com/factor-humano/2016/01/20/ceos-en-peru-devaluacion-de-los-estrategas-y-revaluacion-de-implementadores/?utm_source=boletin
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lunes, 21 de diciembre de 2015

El LEVERAGE Y LA CAJA RURAL SEÑOR DE LUREN

Arquímedes, fue un físico, inventor y matemático griego del siglo III a.C., del que se dice corrió desnudo por las calles, anunciando el hallazgo de su principio de flotabilidad, para demostrar si la corona que ordenó fabricar el tirano Hierón II, estaba hecha de oro o si por el contrario le habían agregado algún otro metal. Entre otras cosas más, también se le atribuye haber dicho sobre la palanca - herramienta que tiene como función trasmitir potencia o fuerza -, lo siguiente:

“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”

En finanzas, el apalancamiento financiero o leverage, significa precisamente eso, apalancar, potenciar, levantar o mover, los resultados financieros de una empresa a través de deuda, pero a diferencia de lo presuntamente expresado, de forma figurativa, por Arquímedes, la Caja Rural de Ahorro y Crédito Señor de Luren, al parecer no entendió que no se puede apalancar con deuda los resultados financieros con rendimientos menores a su costo y menos de forma indefinida, peor aún, si no eran diestros en usar la herramienta, es sorprendente como en tampoco tiempo la institución encaró una situación financiera insostenible. Para comprender lo sucedido a nivel financiero y agregado, partamos por conocer la rentabilidad sobre el patrimonio (ROE) de la institución durante los últimos tres años, antes de su intervención por la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) en junio de este año.


Donde:

ROE    = Rentabilidad del patrimonio
@        = Rentabilidad del activo (ROA), no incluye intereses
P/PAT = Pasivo / Patrimonio o coeficiente de endeudamiento
i           = Costo del pasivo
t           = Tasa impositiva


Esta identidad nos dice que la rentabilidad del patrimonio después de impuestos siempre es igual al rendimiento del activo, engrandecido o contraído, por la diferencia entre el rendimiento del activo menos el costo del pasivo, a través del cociente del pasivo sobre el patrimonio. Como puede apreciarse, sin considerar la tasa impositiva y bajo un escenario en el que la ROA>i, el ROE se incrementa cuando aumenta el rendimiento del activo, también cuando aumenta el coeficiente de endeudamiento o cuando se reduce el costo del pasivo. Pero, el ROE también se verá afectado negativamente, si disminuye el rendimiento del activo, disminuye el coeficiente de endeudamiento o si aumenta el costo del pasivo.

La información disponible del indicador financiero de la ROE de la Caja rural, correspondiente al cierre de los años a los que se hace referencia en el gráfico, son obtenidos del portal de la SBS, además, su descomposición en los otros indicadores son calculados a partir de los Estados Financieros publicados también por la SBS. Obsérvese que se ha preferido presentar los indicadores después de impuestos, por dos razones: la primera, para calzar visualmente el ROE de los años analizados con lo publicado por la SBS y la segunda, para evitar una mayor complejidad en su representación gráfica, por lo demás, no existe mayor distorsión y menos en la validez de sus conclusiones.

En el 2012 la rentabilidad sobre los activos (ROA) fue de 8.84% (9.37% antes de impuestos) y el costo de los pasivos fue de 8.52%, por lo que la diferencia entre el rendimiento de los activos y su costo fue de 0.32% (0.85% considerando la ROA sin impuestos), la cual está representada en el ángulo del gráfico del 2012. Es acertado razonar que mientras mayor sea el ROA y mayor su diferencia respecto a su costo, mayor será el ROE, ahora preste atención al coeficiente de endeudamiento, que para el año 2012 fue de 10.07, lo que permitió acrecentar el ROE en 3.21% (10.07*0.32), totalizando un 12.05% (8.84%+3.21%) para ese año. Suponga por un momento que el apalancamiento hubiera sido mayor, en digamos 10.82 como en el 2013, el ROE del 2012 hubiera sido de 12.29% y no de 12.05%, como veremos, cuando debió aumentar el apalancamiento, no aumentó, y cuando no debió aumentar, aumentó, como en el 2013, el mundo al revés.




Miremos ahora el 2013, la ROA fue de 6.89% (6.94% sin impuestos) menor que la del 2012 y el costo del pasivo fue de 7.52% también menor que la del 2012, con una diferencia de -0.63% (-0.58% con la ROA sin impuestos), es decir, que la rentabilidad cayó más rápido que su costo, representándola en el gráfico con una recta de pendiente negativa, disminuyendo su ROE en -6.86% (10.82*-0.63), observe que si el apalancamiento hubiera sido menor, como el 2012 de 10.07, la pérdida hubiera sido de -6.39% (10.07*-0.63) con una ROE final de 0.5% (6.89%-6.39%), y no como terminó realmente en 0.03% (6.89%-6.86%), es decir, no solo la rentabilidad del activo fue menor al costo del pasivo, sino que además la deuda aumentó. La receta ideal debió ser por lo menos: mantener la ROA del 2012, no se hizo, al contrario se redujo; reducir el costo del pasivo, se hizo, pero a un menor ritmo que la ROA; y finalmente reducir deuda, pero esta aumentó.

Veamos el 2014, las cosas fueron peor, la ROA cayó a 5.10%, casi 4 pp menos que el 2012, el costo del pasivo se redujo a 6.70%, cerca de 2 pp menos que el 2012, otra vez a velocidades distintas, mientras la ROA bajaba en ascensor el costo del pasivo bajaba por escalera, haciendo un diferencial mayor de -1.60% (5.10%-6.70%). Sobre el apalancamiento, este bajó muy cerca a su nivel del 2012, a 9.77, estos números ocasionaron una pérdida de -15.65% (9.77*-1.60) que sumados a los 5.10% de ROA, terminaron por generar una ROE de -10.55%. Un menor apalancamiento pudo reducir la pérdida, pero de ningún modo la hubiera evitado, por lo menos no en tan corto período, por lo elevado del diferencial negativo de la rentabilidad.

Por último, la regla de oro que no debe olvidarse en economías ordenadas como la de Perú, cualquiera fuese el nivel de apalancamiento, dado un nivel de riesgo implícito al nivel de P*/PAT, es no permitir que el costo de la deuda sea superior al rendimiento de su inversión, porque no tendría sentido tomar deuda. Sin embargo, existen situaciones, fundamentalmente en economías con precios relativos distorsionados, en las que se combinan activos que generan pérdidas (que no fue el caso) y pasivos que generan ganancias (que tampoco lo fue), y en las que quizás convenga apalancarse cada vez más, pero esto será harina de otro costal.

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